viernes, 22 de febrero de 2008






No hay nadie en las hamacas ni nueces parecidas, ni alguien duerme y se enajena; ni hay muertos que no trafiquen.
Desde cualquier sitio puede iniciarse una mitología: si el hombre que amo duerme dibuja un circuito para mi oído, un dibujo para que el agua de la lluvia que cae suene distinto.
Cuando el sueño lo acalambra y él se mueve espiralado, provoca afuera, donde yo estoy, un temporal momentáneo. Y la lluvia suena a bicicleta, a piano y a madera.
Este arcoiris que va de mí hasta el brazo de él puede ser destruido por un motor de auto avanzando por la calle. Es un arcoiris a temperatura sol bajo las gotas.

Llueve, y afuera y adentro empiezan a ser inestables.

El que duerme y la despierta empiezan a ser inestables.

Cae la lluvia y se hace absurdo el doblez, la parte; el cielo y la tierra, yo y él, animal y planta; los reinos, la bondad y la maldad; antes y después, las subdivisiones, lo tuyo y lo mío, la noche y el día; los ciclos; las estaciones; la vida y la muerte; las barreras. Decir todo y absoluto es mirar el límite, no el horizonte…leer el cartel, no el camino

2 comentarios:

Ana dijo...

Jules mía, voy a declarar acá públicamente que te extraño...
que me encantan las fotos (quise dejar mensajito en el blog de sebas porque hubo una serie de me tocó el quore pero tenía que registrarme y estaba en un día torpe y caótico)...
que me matan tus textos
y que en algún sitio de este lugar, ignoto por ahora, nos espera una cervecinha para darle a la parla
te quiero

Enrique Solinas dijo...

Chicos,
me encanta este blog!

No hay nada más inquietante que una plaza sin chicos!

Les mando un abrazo bien grande