
Te invito a mis lluvias
a mi baldío con su feria
a mis piedras sin cocer
a la travesía de los vientos ácidos
a las lámparas recogidas en la calle
a las agujas y criaturas que mendigué
cuando, como el desierto,
fui primera y sin padres.
Te invito a mi ojo lleno de espejos, trigos
y niñas escapadas al anochecer.
El ojo favorito de las filas de hormigas,
de las lanas y de la humedad de la casa materna.
Quiero besar tu andrajo y tu pan,
en la media sombra que la tarde arroja
desconociendo un hijo.
Que venga el alma con la cara sucia
las rodillas sangrantes,
de tan lastimados por la misma caída.
a mi baldío con su feria
a mis piedras sin cocer
a la travesía de los vientos ácidos
a las lámparas recogidas en la calle
a las agujas y criaturas que mendigué
cuando, como el desierto,
fui primera y sin padres.
Te invito a mi ojo lleno de espejos, trigos
y niñas escapadas al anochecer.
El ojo favorito de las filas de hormigas,
de las lanas y de la humedad de la casa materna.
Quiero besar tu andrajo y tu pan,
en la media sombra que la tarde arroja
desconociendo un hijo.
Que venga el alma con la cara sucia
las rodillas sangrantes,
de tan lastimados por la misma caída.
(M.J.M)